A continuación vamos a mostraros algunas de las grandes ciudades de Japón que destacan por sus diferentes contrastes entre ellas. Comenzando por la modernidad de su capital Tokio, hasta su ciudad mas tradicional como Kioto. Un viaje lleno de contrastes y fusión de cultura y tradición.
La ciudad más grande del mundo requiere más de uno o dos días para poder explorarla. Necesitaremos al menos tres o cuatro noches para ver lo más importante de la ciudad.
Sin duda, una de las ciudades más estimulantes y extravagantes que puedes visitar. Aquellos interesados en la vanguardia de la tecnología y la cultura pop disfrutarán de los mundos de los videojuegos, el manga y el anime en distritos como Akihabara y Shibuya. Descubre la última moda en Harajuku y visita el cruce de Shibuya, uno de los más transitados del mundo.Por otro lado, si buscas un sabor más tradicional de Japón, el Templo Senso-ji y el antiguo distrito de Asakusa no deberían faltar en tu lista de «qué ver en Japón». Contempla el encanto clásico de Japón en el Parque Ueno, donde podrás visitar varios museos. Además, gracias a la ubicación estratégica de Tokio, podrás realizar excursiones de día a lugares cercanos como Hakone, Nikko y Kamakura. Desde aquí podréis visitar el Disneyland Tokio y que los mas pequeños disfruten de uno de los Parques Temáticos con mas fantasía del Mundo.
Increíble. Esa es la primera palabra que nos acude a la mente cuando pensamos en esta ciudad. Y como tal, creemos que invertir 3 o 4 días en conocer Kioto, una de las pocas ciudades que no fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial, y, por ello, conserva sus preciosos templos y santuarios antiguos. En Kioto encontrarás antiguos templos budistas como el de Kiyumizu-dera. Podrás recorrer las tradicionales calles de la ciudad en kimono y ver Geishas en el barrio de Gion. Si tenéis poco tiempo, lo mínimo que recomendamos es permanecer 3 días en Kioto, aunque se pueden estar más días y hacer excursiones a lugares cercanos. Costaría mucho poder definir todo lo que se puede visitar en Kioto, pero para un primer viaje a esta maravillosa ciudad de Japón, os dejaremos lo que para nosotros sería imprescindible en este viaje:
Aunque el mejor de los consejos es…perderse y disfrutar de un entorno maravilloso lleno de historia y cultura, la amabilidad de su gente sustituye la barrera del idioma.
Osaka, la tercera ciudad más poblada de Japón (tras Tokio y Yokohama) es un importante puerto y centro industrial de Japón. Pero también es una ciudad muy divertida donde se come mucho y bien. Un cambio bastante drástico con respecto a Kioto será Osaka, conocida por su deslumbrante skyline lleno de luces de neón y rascacielos. Osaka es famoso además por su gastronomía local y sus puestos con comida callejera.
Muchos turistas deciden no visitar Osaka, aunque siempre recomendamos pasar al menos una noche en esta ciudad para ver el barrio de Dotonbori, donde podrás probar la okonomiyaki (una especie de tortilla japonesa), takoyaki (bolitas de pulpo) y otras delicias locales.y además de conocer su vida nocturna. Una atracción que atrae a muchos turistas es el parque temático Universal Studios. Sin duda, todo un acierto para familias que quieran diversión asegurada en familia.
Miyajima, una isla llena de magia y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es uno de los lugares imprescindibles que ver en Japón.
Situada cerca de la ciudad de Hiroshima, la isla tiene como lugar más sagrado el Santuario de Itsukushima, aunque su lugar más icónico es el espectacular torii de madera rojo construido sobre el mar, al que puedes acercarte a su base cuando baja la marea para hacerte una foto de postal.
Miyajima es mucho más que el gran torii del santuario de Itsukushima. Si bien el torii flotante es la imagen más icónica de la isla, Miyajima tiene mucho más que ofrecer. Una experiencia muy recomendada es alojarse en un Ryokan tradicional, donde podrás disfrutar de la hospitalidad japonesa, dormir en futones y disfrutar con una cena kaiseki.
Cerca del santuario se encuentra el Parque Momijidani, repleto de árboles de arce. Desde el parque Momijidani puedes tomar el funicular al Monte Misen para ver todos sus detalles y recovecos, mientras buscamos las siete maravillas del monte Misen. Y si tienes energía, de bajada del monte Misen podemos visitar el Templo Daisho-in, templo budista a los pies del monte Misen. Otro lugar muy turístico de Miyajima es Calle Omotesand. Aquí puedes probar momiji manju, unos bollitos con forma de hoja de arce rellenos de dulces de todo tipo de sabores. Cerca de la calle Omotesando, te recomendamos pasear por la calle Machiya o Machiya-dori, la antigua calle principal de Miyajima. Actualmente la calle quiere volver a recibir la atención de los turistas y aquí hoy encontramos ryokan y galerías de arte en edificios de arquitectura tradicional, además de farolillos de papel tradicionales que le dan un toque muy especial por la noche, etc.
En los alrededores del santuario hay varias cosas de interés, como el callejón Taki no Koji, una calle tradicional preciosa en la que se solían alojaban los trabajadores del santuario Itsukushima y el templo Daishoin. Hoy muchos edificios tradicionales se han reconvertido en tiendas y cafeterías, pero la calle sigue manteniendo ese toque del pasado.
O también el templo Daiganji, al que llegarás directamente nada más salir del santuario. Se trata de un templo relacionado con la rama Koyosan del budismo Shingon, una bonita construcción de 1201-1203.
Al norte de Kioto, se encuentran los impresionantes Alpes Japoneses. Aquí te esperan tres destinos fascinantes: Kanazawa, Takayama y Shirakawa-go, donde encontrarás tradicionales aldeas con antiguas casas japonesas, barrios samuráis y mercados con artesanía local.
En Kanazawa podrás pasear por el barrio de los samuráis, visitar el famoso Jardín Kenroku-en, considerado uno de los más bonitos de Japón, y explorar el mercado Omicho.
Takayama te transportará a la época feudal con sus calles empedradas y sus casas tradicionales de madera. Pasea por el distrito de Sanmachi Suji, lleno de tiendas de artesanía, y no te pierdas el Festival de Takayama, una celebración anual que muestra la esencia de la cultura local.
Shirakawa-go es una aldea declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, conocida por sus pintorescas casas de estilo gassho-zukuri, construidas con tejados de paja.
Todos recordamos la triste tragedia de la bomba atómica. Hiroshima fue totalmente destruida y soólo el edifico Bomb Dome (Atomic Bomb Dome) o Cúpula de la Bomba Atómica (Cúpula Genbaku) resistió al ataque, convirtiéndose en el símbolo de la paz de Hiroshima. Actualmente, la ciudad está reconstruida y se puede visitar sin ningún problema. Allí podrás visitar el Parque Conmemorativo de la Paz, un conmovedor tributo a las vidas perdidas, y el Museo Memorial de la Paz, donde aprenderás más sobre lo ocurrido. Además, Hiroshima es famosa por su deliciosa versión de okonomiyaki, un plato japonés que se traduce como «lo que te gusta, a la plancha». Te recomendamos probarlo en uno de los muchos restaurantes especializados.
nvertir medio día en Nara, antigua capital del país en la época medieval, famosa por el espectacular templo Todaiji, es otra de las mejores cosas que hacer en Japón. Pese a ser pequeña y tranquila, esta ciudad es uno de los destinos más solicitados por los turistas gracias a sus antiguos templos ubicados dentro del parque de Nara, reconocidos como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, desde el año 1998.
Durante el paseo por el parque, además de sortear a los numerosos ciervos hambrientos, y a veces agresivos en busca de las galletas que les dan los turistas, cruzarás varias puertas monumentales como Nandai-mon hasta llegar al Templo Todaiji, que protege de las inclemencias del tiempo la estatua del Gran Buda.
Otros imprescindibles de Nara son el Santuario Kasuga Taisha, los templos Horyuji, Kofukuji y Toshodai-ji, y el barrio tradicional de Naramachi.
A tan solo dos horas en vuelo desde Tokio u Osaka se encuentran las islas de Okinawa. Estas islas son un paraíso tropical que ofrece una experiencia completamente diferente en comparación con las grandes ciudades de Japón.
Las playas de Okinawa son famosas por sus aguas cristalinas y su clima cálido durante todo el año. Tendrás la oportunidad de relajarte en la arena blanca, nadar en las aguas turquesas y participar en actividades acuáticas como el snorkel y el buceo. La isla principal de Okinawa, con capital Naha, es la más grande y turística. Aquí hay varias opciones de Resorts, Ryokan de lujo y playas de clima tropical. Pero si buscas una experiencia más exótica, te recomendamos viajar a las pequeñas islas que se encuentran a los alrededores.
Existen alrededor de 100 castillos en la actualidad en Japón, pero solo 12 se mantienen tal como eran en el periodo Edo. Muchos son reconstrucciones y de otros sólo quedan alguna torre o partes de la muralla o, peor aún, sólo ruinas. Los 12 castillos originales de Japón tienen en común que su torreón o tenshu fue construido durante el periodo Edo y se mantiene intacto. De hecho, si el castillo cuenta con torretas o yagura originales o con muros originales pero su tenshu no lo es, no se considera original. Estos son algunos de los 12 Castillos Originales mas importantes del país nipón:
El Castillo de Himeji, posiblemente sea el más famoso de todos los castillos japoneses, originales o no. Apodado «la garza blanca», por el color de sus paredes, fue construido entre 1577 y 1580 por Toyotomi Hideyoshi. El castillo estuvo en restauración durante muchos años pero la espera mereció la pena. Es impresionante por tu tamaño y por su estado de conservación, aunque hoy en día el número de visitantes ha aumentado muchísimo.
Entrar en el Castillo de Matsumoto, uno de los cinco castillos declarados Tesoros Nacionales de Japón y uno de los 12 originales de la Edad Media que se conservan, es una de las cosas imprescindibles que hacer en Japón.
Con los Alpes Japoneses de fondo, este castillo enamora a primera vista por su fantástica torre principal de 6 pisos y 30 metros de altura, levantada a finales del siglo XVI, en la que puedes entrar para observar su estructura interna de madera. Aunque cualquier imagen es sobrecogedora, una de las mejores fotos se obtienen desde el parque del castillo, delante del puente Uzumi-bashi y del foso que lo rodea, sobre todo en primavera con la floración de los cerezos. Sin duda, es uno de los lugares que ver en Japón más bellos.
El castillo de Kochi, de 1601, es especial porque es el único en el que puedes ver la torre principal y la puerta principal en un mismo encuadre. Además de que se encuentra en el centro de Kochi, con lo que es una visita obligada si estás por la ciudad.
Si este castillo es famoso es porque fue el único castillo en Japón que era propiedad privada. El gobierno Meiji expropió el castillo a la familia propietaria. Pero cuando el castillo sufrió daños tras un terremoto se lo acabó devolviendo en 1895 con la condición de que reparasen los daños. Hoy en día la propiedad del castillo la tiene una fundación de interés público (aunque sigue liderada por la misma familia).
El Castillo de Uwajima, fue construido en 1596 por el famoso daimyo Todo Takatora, responsable de otros muchos castillos japoneses. En 1671 el castillo necesitó extensas reparaciones y se aprovechó para ampliarlo con torretas, puertas y muros de piedra. Más adelante y ya en la Segunda Guerra Mundial, una de sus puertas fue completamente destruida por los bombardeos de Estados Unidos.
Si eres un amante del senderismo y dispones de unos 5 días, te aconsejamos completar el Kumano Kodo, uno de los caminos de peregrinación más famosos del mundo y el único, junto al Camino de Santiago, declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Con varias variantes, esta ruta de peregrinación, tiene como objetivo llegar a los tres grandes santuarios sagrados de Kumano: Kumano Hongu Taisha, Kumano Nachi Taisha y Kumano Hayatama Taisha, pasando por los increíbles paisajes de bosques centenarios, cascadas, ríos y montañas de la península de Kii.
Este es un lugar que muchos turistas no suelen incluir en el itinerario por la distancia que hay para llegar aquí. Si tienes pocos días será difícil poder incluirlo al itinerario, pero si dispones de tiempo suficiente seguro que querrás visitar los templos del camino de Kumano Kodo.
Kumano Kodo ofrece una experiencia única de conexión con la naturaleza y la espiritualidad japonesa. Recorrer sus senderos te llevará a través de bosques, antiguos santuarios y paisajes montañosos. Los templos a lo largo del camino te ofrecerán un refugio de tranquilidad y serenidad.
Para empezar esta ruta del Kumano Kodo deberás coger un tren JR en la estación de Kioto que te llevará en unas 3 horas (haciendo un transbordo en Osaka) a la población de Kii-Tanabe y allí coger un autobús que tarda unos 40 minutos en llegar a Takijiri, punto de inicio de la ruta Nakahechi. La estación de Kii-Tanabe cuenta con la oficina de información del camino donde pueden ayudarte a resolver todas tus dudas.
Para los amantes del senderismo, Magome y Tsumago son destinos imprescindibles para ti.
La ruta Nakasendo es una ruta de senderismo que conecta estas dos encantadoras aldeas tradicionales japonesas. Caminarás a través de paisajes montañosos, atravesando bosques y arroyos mientras exploras la historia y la cultura de Japón. Además, en el camino podrás disfrutar de la hospitalidad local y probar sus platos locales auténticos.
Si te encuentras en Kioto, puedes tomar un tren para llegar a Magome y Tsumago y realizar la excursión de un día. Aunque es posible completar la ruta en un solo día, si tienes más tiempo disponible, te recomendamos pasar la noche en una de estas aldeas y disfrutar de la tranquilidad y el encanto que ofrecen.
El Monte Fuji se formó hace aproximadamente 100 000 años a consecuencia de erupciones volcánicas que fueron transformándolo hasta convertirlo en el pico más alto de todo Japón, alzándose a 3776 m de altitud. La última erupción tuvo lugar en el año 1707, duró 16 días e hizo que las cenizas volcánicas llegaran hasta lugares tan lejanos como Tokio. Esta actividad volcánica fue también el origen de Hoeizan (uno de los picos secundarios de Fuji), los cinco lagos situados al pie de la montaña y numerosas cuevas en las cercanías del bosque Aokigahara. Además, gracias a sus numerosos manantiales de aguas termales, esta región es un auténtico paraíso tanto para los que buscan aventuras al aire libre como para aquellos que quieren disfrutar de una escapada relajante. la larga tradición japonesa de culto a las montañas ha hecho que este monte siga siendo venerado y respetado, considerándose un lugar de gran importancia espiritual.
Los primeros indicios de vida humana en Japón se remontan a 30 000 años atrás, pero es posible que estuviera habitado mucho antes. Hasta el final de la última glaciación, hace unos 15 000 años, varios “puentes” de tierra unían Japón con el continente (Siberia por el norte, Corea por el oeste y quizá la actual Taiwán por el sur), por lo que el territorio resultaba accesible.
La historia de Japón se ha modelado en gran parte por su aislamiento como isla-nación y por su proximidad al colosal continente asiático (y en particular, por sus vecinos, Corea y China). En las épocas de apertura ha sido permeable a las diversas ideas y culturas que han llegado a sus orillas; en las de cerrazón, se ha dedicado a incubar su particular manera de hacer las cosas. Como la mayoría de las historias, la de Japón está llena de conflictos, crecimiento y ríos de sangre.
Alrededor del año 8.000 a.C. los antiguos japoneses aprendieron a hacer cerámica. El período del 8.000 a.C. al 300 a.C. se llama el Jomon. La palabra Jomon significa’cordón marcado’ porque esas personas marcaron su cerámica envolviéndola con un cordón.El pueblo Jomon vivía de la caza, la pesca y la recolección de mariscos. Los Jomon hacían herramientas de piedra, madera y hueso. También hicieron figuras de arcilla de personas y animales llamadas dogu.
Entre el 300 a.C. y el 300 d.C. comenzó una nueva era en Japón. En ese momento los japoneses aprendieron a cultivar arroz. También aprendieron a hacer herramientas de bronce y hierro. Los japoneses también aprendieron a tejer telas. Este período se llama Yayoi. (Lleva el nombre de un pueblo llamado Yayoicho). La agricultura significaba un estilo de vida más asentado. La gente Yayoi vivía en aldeas de cabañas de madera. La agricultura y otras habilidades también significaron que la sociedad se dividió en clases. Los líderes de la sociedad Yayoi fueron enterrados en montículos alejados de los cementerios de la gente común.
Los asentamientos agrícolas delimitaron territorios y fronteras. Según fuentes chinas, hacia el final del s. III d.C. existían más de 100 reinos en Japón, y algunos de ellos estaban gobernados por una reina llamada Himiko. El lugar exacto de su reino no está claro; algunos historiadores afirman que se hallaba en el noroeste de Kyūshū, pero una mayoría considerable señala la región de Nara. Su territorio era conocido como Yamatai (posiblemente el nombre “Yamato” proceda de ahí). Los chinos llamaban a este estado naciente Wa, y consideraban a Himiko como su soberana, quien, por medio de tributos, reconocía su lealtad al emperador de China.
Al mismo tiempo se extendía una práctica por la cual los líderes tribales eran enterrados en túmulos funerarios (kofun), cuya forma y tamaño iban relacionados con su estatus, lo cual prueba la existencia de una sociedad cada vez más jerarquizada y el auge de una cultura basada en lo material (tras su muerte, en el año 248, Himiko fue enterrada en una enorme tumba, junto con 100 esclavos sacrificados). Este desarrollo derivó en el comienzo de lo que los historiadores denominan el período Kofun, o Yamato, durante el cual el poder administrativo y militar empezó a fusionarse alrededor del clan Yamato, en la cuenca de Kansai. Según la tradición, en el año 552 d.C. el rey de Paekche en Corea envió sacerdotes para convertir a Japón al budismo. La religión nativa japonesa se llama Shinto, que significa «el camino de los dioses». El sintoísmo enseña que los espíritus están presentes en toda la naturaleza. Todo fenómeno natural como una montaña, un lago, un árbol, una cascada e incluso una roca tiene un espíritu.
El emperador Kammu [781-806] decidió reubicar la capital en el 784, quizá a raíz de una sucesión de desastres ocurridos tras el traslado a Nara, entre ellos una epidemia de viruela que acabó casi con un tercio de la población entre los años 735 y 737. En el 794 la capital se trasladó a la vecina Kioto (Heian-kyō), que ejerció como tal más de 1000 años (aunque no siempre fuera el centro verdadero del poder).
Mientras tanto, a principios del siglo IX, Dengo Daishi fundó la secta budista Tendai. Un poco más tarde, Kobo Daishi fundó la secta Shingon. Mientras tanto, a finales del siglo VII, una familia aristocrática llamada Fujiwara se hizo muy poderosa. Tuvieron una influencia creciente en la política japonesa.
Además, fuera de Kioto, el poder del emperador se debilitó. Los terratenientes ricos se hicieron cada vez más poderosos y emplearon ejércitos privados (los guerreros japoneses se llamaban Samurai).En el Japón feudal, los samurai eran guerreros hereditarios que seguían un código de conducta llamado bushido. Se suponía que los samuráis eran completamente leales y autodisciplinados. En lugar de ser capturados por los samuráis enemigos, se suponía que se suicidarían destripándose a sí mismos.
Finalmente, en 1180 estalló una guerra civil entre familias rivales poderosas en Japón. Por un lado estaba la familia Taira (también llamada Heike). En el otro lado estaba la familia Minamoto (también llamada Genepi). Los Minamoto fueron apoyados por los Fujiwara. Estaban liderados por dos hermanos, Yoritomo y Yoshitsune. Los Taira fueron finalmente derrotados por los Minamoto en una batalla naval en Dannoura en 1185.
En 1192 el emperador le dio a Yoritomo el título de Sei Tai Shogun, que significa bárbaro conquistador del gran general. El shogun se convirtió en el verdadero poder en Japón, gobernando en nombre del emperador. Esta nueva forma de gobierno se llamaba bakufu, que significa gobierno en tiendas de campaña, ya que los generales daban órdenes desde sus tiendas durante la guerra.
Durante el sogunato Hōjō los mongoles intentaron invadir Japón dos veces: en 1274 y 1281. Con Kublái Kan [1260-1294], el imperio mongol estaba casi en el ápice de su poderío y, tras conquistar Corea en 1259, el kan demandó a Japón que se sometiera a su soberanía, pero sin resultado.
En los siglos XIII y XIV, la ciudad y el comercio en Japón crecieron y los comerciantes se hicieron ricos. Se organizaron en gremios. También en este tiempo el Budismo Zen se hizo popular. El Zen enfatiza la meditación. Algunos seguidores meditan tratando de vaciar sus mentes de todos los pensamientos y deseos mundanos. Otros meditan en acertijos llamados Koan, tales como «¿Cuál es el sonido de una mano aplaudiendo? El Zen tuvo una tremenda influencia en artes como la jardinería y los arreglos florales. (El arreglo floral japonés se llama Ikebana y a partir del siglo XV se convirtió en un arte sofisticado).
La era de 1333 a 1573 se llama el período Muromachi porque la familia Ashikaga gobernó desde el distrito Muromachi de Kyoto. Durante el periodo Muromachi el teatro Noh se desarrolló en Japón. Los actores eran máscaras y actúan en un escenario desnudo con un fondo pintado. Los músicos acompañan a los actores. Además, de la época Muromachi se conservan dos grandes monumentos, el Kinkaku-ji y el Ginkaku-ji, (pabellones de oro y plata) de Kioto.
Sin embargo, en 1466 la familia Ashikaga discutió sobre quién sería el próximo shogun. El argumento se convirtió en la Guerra Onin de 1467-1477. Los combates tuvieron lugar principalmente en Kioto y sus alrededores y gran parte de la ciudad fue destruida. A finales del siglo XV, la autoridad central había prácticamente desaparecido. Mientras todavía había un emperador, él era sólo un mascarón de proa y Japón se vio afligido por una larga serie de guerras civiles mientras los terratenientes rivales, llamados daimyos, luchaban por el poder.
Los primeros europeos llegaron en 1543; los vientos llevaron a tres comerciantes portugueses hasta la isla de Tanegashima, al sur de Kyūshū. Pronto aparecieron más europeos, junto con el cristianismo y las armas de fuego, que se encontraron una tierra dividida por la guerra y a punto para su conversión, por lo menos a ojos de misioneros como Francisco Javier, que llegó en 1549.
Mientras tanto, la guerra japonesa cambió radicalmente con la introducción de armas de fuego y cañones. Un señor de la guerra llamado Oda Nobunaga aprendió rápidamente a usar las nuevas armas y en 1569 capturó el puerto de Sakai. En 1575 obtuvo una gran victoria en Nagashino. Cuando murió en 1582 controlaba el centro de Japón.
Oda Nobunaga fue asesinado en 1582, pero su general Toyotomi Hideyoshi (1536-1598) vengó su muerte y continuó la labor de reunificar a Japón. En 1587 sometió la isla sureña de Kyushu y en 1590 también conquistó el este de Japón. Toyotomi intentó entonces conquistar Corea. Sin embargo, fracasó y los japoneses se retiraron en 1598. Toyotomi murió poco después.
Toyotomi quería que su hijo Hideyori le sucediese. Antes de morir, Toyotomi convenció a su general Tokugawa Ieyasu (1543-1616) de que prometiera mantener a su hijo. Sin embargo, Ieyasu pronto rompió su promesa y se hizo con el poder. En 1600 aplastó a sus rivales en Sekigahara, aunque Hideyori sobrevivió. En 1603 Ieyasu fue nombrado shogun y en 1615 sus fuerzas capturaron el castillo de Osaka, la fortaleza de Hideyori. Hideyori se suicidó. Japón estaba ahora unido bajo un gobierno central fuerte y la familia Tokugawa gobernó como shogun hasta 1868.
Tras haber asegurado el poder a los Tokugawa, Ieyasu y sus sucesores estaban decididos a conservarlo. Su estrategia básica era la micro-organización extrema. Ejercían un control férreo sobre los daimios provinciales, quienes gobernaban como vasallos del régimen Tokugawa, requiriendo autorización para construir castillos o casarse. Siguieron distribuyendo (o confiscando) territorio y, lo más importante, exigían que los daimios y sus sirvientes pasaran uno de cada dos años en Edo, donde sus familias permanecían retenidas como rehenes permanentes según el edicto sankin kōtai. Esta política de deslocalización dificultaba que los daimios más ambiciosos urdieran planes para derrocar a los Tokugawa.
El sogunato controlaba también directamente los puertos, las minas, las ciudades principales y otras zonas estratégicas. Los desplazamientos se restringían por medio de severos puntos de control, era necesario un permiso por escrito para viajar y el transporte sobre ruedas estaba prohibido. Se impuso una sociedad muy jerarquizada, compuesta por (en orden decreciente de importancia) los shi (samuráis), los nō (agricultores), los kō (artesanos) y los shō (comerciantes). El atuendo, las viviendas e incluso el modo de hablar de cada clase se regían por un código muy estricto, y la interrelación entre clases estaba terminantemente prohibida. Los jefes de pueblos y barrios se encargaban de imponer las normas a nivel local, creando un ambiente de vigilancia constante. El castigo por la más mínima falta podía ser muy duro, cruel e incluso comportar la muerte.
A pesar de todas las restricciones, el período Tokugawa vivió un dinamismo considerable. Las ciudades japonesas crecieron enormemente durante este período: Edo alcanzó el millón de habitantes a principios del s. XVIII, por encima de Londres y París. Kioto, convertido en un centro de producción de artículos de lujo, y Osaka, centro del comercio, rozaron la cifra de los 400 000 habitantes durante la mayor parte del período. A pesar del gran esfuerzo de los gobernantes por limitar el crecimiento de la clase comerciante, esta prosperó a lo grande gracias a los servicios y productos necesarios para los viajes de los daimios a y desde Edo, tan costosos que los daimios debían convertir una gran parte de sus dominios en efectivo. Aquello impulsó la economía general.
No es de extrañar que los tratados humillantes fueran resentidos amargamente por los japoneses, que los llamaban tratados desiguales. Además, el shogun perdió la cara debido a su debilidad. Muchos japoneses pensaron que Japón sólo sería fuerte si el shogunato era abolido y el emperador restaurado al poder.
Algunos japoneses querían resistir a los extranjeros. Otros querían copiar la tecnología occidental. La opinión estaba amargamente dividida. Finalmente, en 1868 hubo una breve guerra civil. Las fuerzas pro-emperador y pro-shogun se enfrentaron en Fushimi y la fuerza pro-emperador ganó. Después, el emperador Meiji y sus seguidores estaban decididos a modernizar Japón. Y tuvieron éxito. En un período de tiempo sorprendentemente corto, Japón se transformó de un país primitivo y agrícola a un país industrial moderno.
El gobierno alentó la industrialización con préstamos y subvenciones. Pronto muchas nuevas industrias, como la construcción naval, florecieron. En 1870 se abrió la primera fábrica de seda mecanizada en Japón. También en 1870 se colocó un telégrafo entre Tokio (como Edo fue rebautizado) y Yokohama.
En 1872 se construyó una vía férrea entre ellos. Mientras tanto, en 1871, los ejércitos privados mantenidos por daimyo fueron abolidos. Muchos samuráis se unieron al nuevo ejército nacional. Ese mismo año se publicó el primer periódico japonés.
En 1872 se introdujo la educación obligatoria en Japón. Ese mismo año se introdujo el servicio militar obligatorio.
Un elemento clave en el objetivo japonés de convertirse en una potencia mundial era el poder militar. Siguiendo los modelos prusiano (ejército) y británico (marina), Japón desarrolló un ejército magnífico. Con la misma táctica que Perry había empleado contra los nipones, en 1876 Japón pudo imponer en Corea el tratado que más le convenía y se inmiscuyó cada vez más en su política.
Japón participó en la I Guerra Mundial en el bando de los aliados, y fue recompensado con un asiento en el consejo de la recién creada Sociedad de las Naciones. También adquirió posesiones alemanas en el este de Asia y el Pacífico. La guerra había impulsado la economía, generando un nuevo estrato de riqueza (ajeno a la gran mayoría de la población).
En otoño de 1931, miembros del Ejército japonés destinados en Manchuria, donde vigilaban las líneas ferroviarias que China alquilaba a Japón, detonaron explosivos en las vías y culparon de ello a los disidentes chinos. Aquel ardid, que sirvió de excusa a los nipones para represalias armadas, se conoce como el Incidente de Manchuria. Los japoneses vencieron con facilidad a las fuerzas chinas, y en cuestión de meses asumieron el control de Manchuria (las actuales provincias de Heilongjiang, Jilin y Liaoning), colocando a un gobierno títere. La Sociedad de las Naciones se negó a reconocer al nuevo gobierno de Manchuria, y en 1933 Japón abandonó dicha organización.
Las escaramuzas entre el ejército chino y japonés continuaron, culminando en una gran guerra en 1937. Tras una ardua victoria en Shanghái, las tropas japonesas avanzaron hacia el sur para capturar Nanjing. A lo largo de varios meses, entre 40 000 y 300 000 chinos fueron asesinados en la Masacre de Nanjing (o la Violación de Nanjing). A día de hoy, la cifra de muertos y el porcentaje de violaciones, torturas y saqueos cometidos por los soldados japoneses es motivo de acalorado debate entre los historiadores (y los nacionalistas gubernamentales) de ambos lados. Los intentos japoneses por minimizar esta y otras masacres en Asia siguen siendo un gran obstáculo en las relaciones de Japón con la mayoría de las naciones asiáticas.
Animado por las primeras victorias alemanas de la II Guerra Mundial, Japón firmó un pacto con Alemania e Italia en 1940 (aunque la alianza apenas le reportó cooperación). Con Francia y los Países Bajos distraídos y debilitados por la guerra en Europa, Japón se adentró en sus territorios coloniales –la Indochina francesa y las Indias Occidentales holandesas– del sureste asiático.
Las tensiones entre Japón y EE UU se intensificaron cuando los estadounidenses, alarmados por la agresividad nipona, exigieron que Japón se retirara de China. Cuando la diplomacia fracasó, EE UU asestó un golpe crucial prohibiendo la exportación de petróleo a Japón. Ante ello, el Ejército japonés atacó Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, dañando el grueso de la flota estadounidense del Pacífico y, al parecer, tomando por sorpresa a los norteamericanos (aunque algunos historiadores creen que Roosevelt y otros permitieron el ataque para acabar con el sentimiento aislacionista y dar entrada a EE UU en la guerra contra Alemania; y otros piensan que Japón nunca creyó que iba a vencer a EE UU, pero esperaba sentarlo en la mesa de negociaciones y salir ganando).
Los términos de la rendición japonesa ante los Aliados permitieron al país mantener al emperador como jefe de estado ceremonial, pero desprovisto de toda autoridad –y de ascendencia divina–, y Japón se vio obligado a retirar sus demandas territoriales en Corea y China. Además, EE UU ocupó el país bajo el mando del general McArthur, una situación que se prolongó hasta 1952. La derrota tuvo un sabor muy amargo, pero la población se moría de hambre, y los alimentos de los norteamericanos eran mejor que nada.
En la década de 1950 Japón emprendió una audaz trayectoria de crecimiento que se ha descrito como milagrosa (aunque muchos historiadores, tanto japoneses como norteamericanos, sostienen que el rol de Japón como base avanzada de EE UU en la Guerra de Corea reactivó la economía nipona). No fue hasta la década de 1990, con el estallido de la burbuja financiera, que el país volvió a tocar con los pies en el suelo.
En 2009 se produjo un importante cambio político en Japón. El Partido Liberal Democrático gobernó Japón durante todos los años 1995-2009, excepto durante un período de 11 meses.
Sin embargo, en 2009 el Partido Democrático de Japón obtuvo la mayoría en la cámara baja del parlamento. Japón es hoy una nación próspera. En la actualidad, la población de Japón es de 125 millones de habitantes.
Situado en el este de Asia, Japón es un archipiélago de forma curva, con el mar de Japón en la costa oeste y el océano Pacífico en la costa este. Sus vecinos más cercanos son Corea del Sur, Rusia y Taiwán cerca de las islas de Okinawa más meridionales, conocidas como Yonaguni . El tamaño de Japón es similar al de Alemania, un poco más pequeño que el estado de California y algo más grande que el Reino Unido.
El 70 por ciento del país está cubierto de espesos bosques y terrenos montañosos, unidos por los Alpes Japoneses , la serie de cadenas montañosas que ocupan el centro de la isla principal de Honshu. En Japón predominan los volcanes de gran actividad geológica y las erupciones son comunes.
En las costas y zonas llanas encontrarás muchas de las ciudades principales, en algunos casos construidas en terrenos ganados al mar. Hay una gran variedad de bonitas playas, con lugares estupendos para hacer surf en las penínsulas del país: la Peninsula de Boso , la Península de Izu y la península de Kii son algunas de ellas. Y, además, hay muchos sitios para practicar esnórquel y buceo. Hacia el sur, llegarás a los subtrópicos de Okinawa y sus islas periféricas.
Los parques nacionales y las zonas ecológicas protegidas albergan una variedad de fauna y puntos de interés geográficos inconfundibles, que van desde el Parque Nacional de Akan – Mashu, en las profundidades de Hokkaido, hasta las Islas Ogasawara, declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO y situadas a 1000 kilómetros al sur de Tokio, en el océano Pacífico. Muchas islas están deshabitadas y la naturaleza está comenzando a adueñarse de nuevo de algunas de ellas de forma extraordinaria. Si quieres verlo por ti mismo puedes visitar la isla de Tomogashima y sus edificios militares de ladrillo rojo, ahora abandonados y cubiertos de vegetación.
Cada estación del año en Japón tiene sus encantos, que llegan con los cambios de temperatura y clima. A continuación, te explicamos en qué se distingue cada estación en Japón.
La primavera se celebra en todo el país con la llegada de los cerezos en flor. Las flores van creciendo de marzo a mayo, dependiendo de su ubicación, comenzando en el sur y moviéndose gradualmente hacia el norte. La primavera, fresca, ventosa y, en general, con cielos soleados, es un momento ideal para salir y explorar las ciudades y el campo. La temporada de lluvias comienza entre mayo y junio, poco antes del verano.
El verano en Japón es muy caluroso y húmedo: no te olvides de mantenerte hidratado. Las playas se llenan de gente, los fuegos artificiales estallan sobre los ríos del país y hay festivales callejeros a la vuelta de cada esquina. Las montañas ofrecen un respiro de los grandes calderos en los que se convierten las ciudades. Ten en cuenta que, en agosto y septiembre, pueden llegar los tifones y estos pueden frustrar tus planes de viaje.
A medida que el clima se va enfriando, los colores del otoño iluminan el campo. Las deslumbrantes hojas otoñales comienzan su viaje en la isla de Hokkaido, en el norte, y van desplazándose hacia el sur, cubriendo el país desde finales de septiembre hasta principios de diciembre. Al igual que la primavera, el otoño es perfecto para disfrutar al aire libre y un buen momento para probar la gastronomía de Japón.
En Invierno, comienza la temporada de esquí y las zonas septentrionales se cubren con la inigualable nieve polvo de Japón. El clima varía de una región a otra, pero en invierno puedes disfrutar de bastantes días soleados y hermosos cielos azules. Entra en calor con un poco de sake caliente y un tazón de una olla a una temperatura bastante alta.
La cultura de Japón resulta exótica y, para muchos occidentales, la mentalidad japonesa es compleja de entender. Ciertamente, muchos de sus rasgos particulares son muy diferentes e incluso opuestos a los que se observan en otras sociedades. Pero si se conocen los valores principales sobre los que se asientan su cultura y su sociedad, resulta más sencillo comprender mejor Japón y su gente. De ese modo, se reduce el choque cultural cuando se visita Japón y se disfruta aún más de las diferencias culturales.
Los valores japoneses están profundamente arraigados en todos los aspectos de la vida y afectan profundamente a las relaciones familiares, laborales y sociales. Aspectos de la mentalidad japonesa como guardar las apariencias en público, el autocontrol de sus sentimientos, su disciplina, perfeccionismo, respeto por los demás (especialmente por los ancianos) tienen un por qué, un motivo.
El hecho de que Japón sea una nación insular sin una conexión terrestre a otros países parece tener un efecto sobre la mentalidad japonesa y su modo de percibir su identidad.
Esto parece amplificar su sentimiento nacionalista, pero no de superioridad, sino de diferenciación, tanto por su aislamiento como por el tamaño de su país. Antes de ir a Japón es habitual esperar que todos los japoneses sean casi iguales y se vistan y se comporten de manera similar.
Japón está dividido en cuarenta y siete prefecturas, que son la base de estas identidades regionales. Cada una de ellas tiene capacidad para regular asuntos relacionados con el trabajo, la salud, la educación, el bienestar social, la conservación y desarrollo de la naturaleza y el patrimonio cultural, así como la prevención y el control de desastres.
Sin duda Japón es un destino maravilloso para viajar, y si decidís hacerlo en familia con niños y niñas mas pequeñxs os sorprenderá la cantidad de experiencias y aventuras que podreis vivir en Japón.
Desde Laiago Family Tour, podemos aseguraros que la mejor de las sorpresas en vuestro viaje a Japón, va a ser el encanto y la amabilidad de su gente.