Marruecos es un país que enamora por igual a adultos y niños. Es un destino increíble, exótico y cercano para esas Familias viajeras que deseen realizar un viaje alternativo con sus hijos. El contraste cultural y paisajístico que existe entre los diferentes pueblos fascina a los más pequeños de la casa. Eso hace que Marruecos se sienta como un país exótico lleno de aventuras y colores a explorar.
Un país milenario donde podremos descubrir sus cuatro Ciudades Imperiales. Un eje histórico que recorre estas 4 ciudades, para descubrir la historia de las diferentes dinastías que gobernaron a lo largo de su historia:
Meknes: La Medina de Meknes y los restos del palacio real le han ganado un lugar en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. En la plaza de El Hedime, Bab Mansour es la puerta de entrada a la medina. No dejes de visitar los establos y graneros reales del sultán Moulay Ismail. Al norte de Meknes visitaremos el mayor yacimiento arqueológico romano de Marruecos: Volubilis. Arco de triunfo, capitolio, casa de Baco, todo testifica el esplendor que ha conocido la ciudad y su peso económico y político. Ciudad imperial y eterna, Meknes os ofrecerá la experiencia de una estancia a lo largo de la historia.
Rabat: Rabat es una ciudad cultural cargada de historia. Muchas obras decoran sus calles y plazas. Visite la Kasbah des Oudayas : una majestuosa y formidable silueta suavizada por unos jardines preciosos que rodean el recinto. Rabat es también una moderna capital eco-responsable que da un lugar privilegiado a los espacios verdes. Hay parques, como el jardín de pruebas botánicas o los Jardines Exóticos de Bouknadel, a pocos kilómetros de la ciudad. No muy lejos de las murallas se levantan los muros de la Chellah, una necrópolis de la época de los Meriníes. Cruzar los muros es como entrar en otro mundo: se camina entre vestigios antiguos, entre jardines y cigüeñas. rabat no solamente derrocha historia, el mar es otro de sus mayores atractivos. A orillas del Océano Atlántico, cuenta con kilómetros de playas desarrolladas que conducen a la vecina Casablanca.
Moderno también por sus infraestructuras y festivales que participan en su comodidad y en la animación de la capital. Aeropuerto, tranvía, centros comerciales, cafés y restaurantes, todas las comodidades están a su alcance. Por último, está la música que Rabat celebra como ninguna otra: Mawazine, Jazz au Chellah y muchas otras llenan la atmósfera con sonidos y ritmos de todo el mundo. Rabat es todo esto, una ciudad donde los tesoros del pasado se codean con las realizaciones más modernas y respetuosas con el medio ambiente.
Fez: Podemos decir que Fez es única, especial, con un componente mágico entre las otras Ciudades imperiales. Cruzar las murallas de la famosa medina de Fez, distinguida por la UNESCO es teletransportarte a las Mil y Una Noches, paseando por las calles del distrito de Fez-El-Bali. La puerta de Bab Boujloud es la forma más fácil de entrar en la medina. En mayo, las plazas y callejones resuenan con música del mundo: el Festival de Música Sagrada del Mundo se celebra en la antigua capital imperial. Es, junto con el Jazz in Riads, uno de los principales eventos del calendario cultural de la ciudad. Imprescindible probar la gastronomía de la ciudad, una de las mejores del mundo.
Marrakech: Entre la tradición y la modernidad, Marrakech es la promesa de sensaciones incomparables. Paseando por la plaza Jemaa El-Fna y los zocos con sus brillantes colores y olores orientales, la ciudad roja responde a su deseo de un cambio de escenario con un chasquido de los dedos. Paseos en carruajes de caballos, terrazas soleadas, artistas ambulantes y otras actividades diurnas y nocturnas marcarán su estancia en Marruecos.
Podrá admirar toda la riqueza arquitectónica de la Medina visitando uno de sus numerosos riads, pequeños palacios orientales organizados en torno a un patio central, o podrá recargar las pilas en la Menara, un vasto jardín con una cuenca emblemática de la ciudad. Ya que Marrakech deja la elección a sus visitantes aprovechando su increíble diversidad. Sólo hay que dejar las murallas para sumergirse en el Marruecos contemporáneo. Los barrios de Guéliz y Hivernage ofrecen las más modernas infraestructuras, boutiques de lujo y tiendas de prêt-à-porter internacionales, así como amplias y aireadas avenidas; todo ello en consonancia con el carácter único de Marrakech.
Signo de una creciente efervescencia económica, son también lugares festivos y culturales con la presencia del Palacio de Congresos y el espléndido Teatro Real. Disfrute de Marrakech por la noche, tomando los numerosos lugares temáticos, los clubes de moda y las veladas tradicionales que reflejan la alegría de vivir de sus habitantes.
La Ruta de las Mil Kashbas: Con este nombre se conoce, en el sur del Alto Atlas, a un recorrido por una serie de fortalezas construidas en adobe con torres almenadas y adornos de ladrillo crudo, que en ocasiones forman auténticos pueblos fortificados. La Ruta de las Mil Kasbahs es un recorrido apasionante por el Sur de Marruecos que te llevará a conocer los lugares más interesantes de esta antigua ruta de caravanas y descubrir un Marruecos desconocido. Una oportunidad para adentrarte en el corazón de la cultura bereber y ser testigo de un paisaje que parece detenido en el tiempo.
Ait Ben Haddou es un fabuloso lugar declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En una visión amplia del paisaje podemos ver diferentes tonalidades de rojo, según la hora del día, con sus numerosas torres fortificadas que parecen adosadas a la montaña. Situado en lo alto de una colina, cuenta con un increíble pueblo fortificado (ksur) construido en adobe que ocupa toda una ladera en el fondo del río. Ofrece excelentes paisajes y una de las mejores vistas de Marruecos.
Viajar al desierto comporta Misterio, Aventura y Descubrimiento. Su naturaleza, la sabiduría de sus gentes, su hospitalidad y su gastronomía nos ofrece un marco incomparable para disfrutar de unas vacaciones diferentes.Las Dunas de Erg Chebbi están situadas a pocos kilómetros de la frontera con Argelia y tienen una energía especial y única. Un viaje a Marruecos sin visitar Erg Chebbi es de algún modo incompleto. La duna más grande de Erg Chebbi cuenta con 250 m. de altura y su arena de color rojo proporciona uno
de los más fantásticos paisajes de toda África.
«El desierto es uno de esos lugares a los que no se puede decir adiós sino hasta luego, porque podrás irte del desierto, pero el desierto jamás se irá de ti»
Marruecos es una nación antigua. Si la historia se define como los acontecimientos considerados dignos de ser recordados, la historia de Marruecos es un ejemplo perfecto. Con varias dinastías a lo largo de los años, la historia marroquí, puede encuadrarse sobre estos pilares: la Dinastía Idrisside, la Dinastía Almorávide, la Dinastía Almohade, la Dinastía Meriní, la Dinastía Saadí y la Dinastía Alauí, Marruecos se considera hoy en día como un país multicultural reconocido internacionalmente, lleno de paisajes y Patrimonio cuyos tipos de patrimonio reconocidos por la UNESCO.
Los primeros habitantes de Marruecos fueron antepasados de los amazighes, denominado «pueblo libre» marroquíes, descendientes de los antiguos egipcios. Pescadores del Mediterráneo y criadores de caballos saharianos llegaron hacia el 2500 a.C., seguidos a finales del 800 a.C. por los fenicios y los africanos del Este hacia el 500 a.C. Los romanos aparecieron sobre el s. IV a.C , pero los bereberes del Rif y del Atlas expulsaron a los romanos mediante una campaña de acoso contra el Imperio.
A principios del s. VII, los bereberes de Marruecos veneraban a sus propias deidades indígenas, junto con los bereberes judíos y algunos conversos cristianos locales. Mohammed bin Abu Talib, que pronto sería conocido como el profeta Mahoma comenzó a expandir y difundir su mensaje monoteísta hacia un solo Dios, aquí comenzó a difundirse su mensaje del Islam. Exiliado por las clases dirigentes politístas, su exilio solo sirvió para expandir su mensaje. En el momento de su muerte en el 632, los califas árabes −líderes religiosos inspirados y envalentonados por sus enseñanzas− ya habían extendido el islam en dirección este hasta Asia central y oeste hasta el norte de África.
Dinastía Idrisside (789-974) : La dinastía Idrisside, cuyo fundador fue Idriss I que hizo de Volubilis (Walili) su capital, fue la primera en conquistar Marruecos durante más de un siglo. De 789 a 978, la dinastía Idrisside dominó gran parte del Magreb, incluida el África septentrional del actual Marruecos. Fundador de la primera dinastía real de Marruecos, los Idrisidios pudieron, a través del tiempo, construir nuevas ciudades, entre ellas la de Fez, que se convirtió en la capital después de Volubilis durante el reinado del hijo Idriss II y sus sucesores. Varios monumentos son testigos de las obras arquitectónicas y religiosas de esta dinastía, como la mezquita Al-Qarawiyin. Después de varios años de reinado, la dinastía cayó ante los almorávides.
Dinastía Almorávide (1060-1147) : Destruyendo el reino africano antes de atacar el norte, los almorávides fundaron Marrakech en 1062. Se las arreglaron para reinar sobre todo el Magreb y Al-Andalus y nombraron a Marrakech como su capital. Después de esta hazaña, la segunda ciudad imperial se convirtió en el centro del comercio y el vínculo entre el África subsahariana y el Magreb. Construyeron allí varias obras religiosas, a saber, mezquitas como la mezquita de la Koutoubia, cuya construcción comenzó durante el reinado almorávide, medersas coránicas, murallas y palacios. Además, también construyeron un centro de irrigación para proveer de agua a toda la región.
Dinastía Almohade (1145-1248) : La arquitectura y la cultura, que fueron dos pilares fundamentales de esta dinastía, siguen anclados en los monumentos emblemáticos de la ciudad de Marrakech, la capital almohade, gracias al rediseño de la mezquita de la Koutoubia, cuya arquitectura se inspira en la de la Giralda de Sevilla. La dinastía almohade reinó así durante medio siglo y se debilitó tras una derrota contra los cristianos en 1212.
Dinastía Meriníde (1244-1465): Fundada por el jefe bereber Abou Yahia, con Fez como capital, la dinastía Merínida derrocó a los almohades expulsándolos del Magreb. Su reinado no duró mucho tiempo, los meriníes fueron derrotados por los portugueses que atacaron la costa a través de Ceuta y el Estrecho de Gilbraltar.
Dinastía Saadian (1554-1659): La dinastía Saadí había derrocado a la dinastía Meriní al expulsarla del poder y tenía inicialmente a Fez como su capital y luego la transfirió a Marrakech. Habían declarado la guerra a los portugueses y recuperaron varias ciudades, incluida la de Agadir. Los saadianos tomaron a España como aliada para protegerse de las amenazas turcas. Durante el reinado de los saadianos, Marruecos experimentó años de gloria. Estaba en su apogeo en términos de cultura, conocimiento y riqueza. Los saadianos se habían dotado del oro de Sudán después de derrotar al Imperio Africano de Songhai. Canalizaron sus hazañas construyendo varias obras artísticas. En Fez, construyeron los Borjs y ofrecieron un rejuvenecimiento a la mezquita de Al Qarawiyine. En Marrakech, construyeron las tumbas de los Saadios, la medersa de Ben Youssef y el Palacio El Badiî.
Dinastía Alaouite ( 1666 – hoy dia ): Originalmente de Tafilalt, la dinastía Alauita expulsó a los Saadianos para tomar el poder real. Inicialmente tuvo como capital a Fez, luego se trasladó a Meknes bajo el reinado del sultán Moulay Ismail, y finalmente se trasladó a Rabat, que es la actual capital de Marruecos desde 1912. Gracias a esta dinastía, la ciudad de Fez fue renovada, embelleciendo toda la ciudad y creando muros protectores como la famosa puerta de Bab El-Mansour. La dinastía continuó su reinado hasta hoy. Muhammad VI es el vigésimo tercer gobernante de esta sucesión, asegurando la unificación del Reino y la transmisión de todos los valores religiosos.
Marruecos es una tierra de contrastes tanto geográficos como climatológicos. Bañado al norte por las aguas del Mediterráneo, al oeste por las del Océano Atlántico, atravesado por las montañas del Rif y del Atlas y está sujeto a todo tipo de influencias climáticas. En el sur, el país se abre a la inmensidad del Sahara. Es en primavera y otoño cuando uno debe aventurarse allí. En medio de las arenas, el sol brilla y se refleja en las dunas. Estas extensiones desérticas exudan una sensación de irrealidad.
En las regiones costeras el sol predomina durante todo el año, su luz y clima puede disfrutarse en cualquier estación. Así, Agadir, a orillas del Océano Atlántico y principal balneario del país, ofrece a los aficionados a la ociosidad 300 días de sol anual, temperaturas suaves y ligeros vientos alisios. Más al norte, Taghazout, Mogador y Magazan también merecen el desvío.
Un poco más al interior, el clima abandona la suavidad mediterránea y se vuelve continental. Los relieves son más dibujados y presentan panoramas suntuosos. Es la tierra de los espacios abiertos, la tierra de los aventureros que pueden ir de excursión y hacer senderismo en todas las estaciones.
La costa y las montañas ayudan moderando el calor en Marruecos. La temperatura por las regiones costeras no varía muchísimo como ocurre en el interior del país. El clima es típico mediterráneo, variando desde 12°C en invierno hasta 25°C en verano. El interior de Marruecos tiene un clima más caluroso durante el año. En el verano, la temperatura puede sobrepasar 40°C, pero baja mucho por la noche. En los inviernos, el termómetro puede bajar a -20°C en el Atlas La mayoría de las precipitaciones caen entre el norte y el Atlas Medio. Recogen por término medio 75-100 cm3 de lluvia, mientras otras partes del país reciben no más de 35 cm3.
Para muchas familias, el aspecto cultural en cualquier viaje, siempre produce miedos y dudas. Marruecos es la puerta de África, un país donde la hospitalidad es un símbolo nacional. Una cálida bienvenida, magníficos paisajes, una cultura secular, todo está reunido para que pasen una estancia inolvidable en Marruecos. En todo país con una diferencia cultural y religiosa, necesita una dosis de adaptación y tolerancia a lo distinto. Hasta una simple compra supone una diferencia cultural en la que los viajeros mas pequeños alucinarán con esta forma de vida…una gran experiencia para su desarrollo personal. En Marruecos quieren tanto a los niños que quizá hasta venga bien llevarse una mochila portabebés donde meter a los más pequeños por si se cansan de tanto beso, abrazo, regalo y adulación. Los niños/as rompen el hielo y propician el contacto con los marroquíes que, criados en familias numerosas, suelen mostrar una actitud muy cordial, servicial y protectora hacia las familias.
Siempre decimos que el mejor de los consejos viajeros, es el sentido común. Hay que tener especial atención en las grandes urbes con el tráfico, especialmente con los niños, ya que no hay mucha regulación de los vehículos y puede ser peligroso no estar pendiente de ellos.
La picaresca puede aparecer en cualquier parte de las grandes ciudades donde menores solicitan propinas por cualquier cosa. Creemos que la mejor manera de ayudar a diferentes comunidades no es repartiendo dinero, si nó aprendiendo e informarse de las diferentes desigualdades del país y potenciar el desarrollo con trabajos y asociaciones para el desarrollo de las comunidades.
En las zonas mas rurales del país la amabilidad desborda por cada rincón, desaparece el factor económico, y prevalece el factor social. Gente maravillosa que desea mostraros su cultura y país…Disfrutar de un té junto a otra familia marroquí, no hacen falta las palabras para entender como transcurre la vida para todos. Una experiencia única para cualquier viajero, y mucho mayor cuando los menores empiezan a abrir los ojos fuera de su zona de confort.
En cualquier viaje, las dudas sobre la seguridad, los consejos del país al que viajamos son frecuentes. Desde Laiago Family Tour, podemos aseguraros que la mejor de las sorpresas en vuestro viaje a Marruecos va a ser el encanto y la amabilidad de su gente.
El precio de un viaje organizado a Marruecos suele oscilar entre 900 € y 2.500 € por persona, dependiendo de la duración (4 a 8 días), tipo de alojamiento (riad, hotel boutique o campamento en el desierto), temporada y si incluye vuelos. Los viajes a medida o en familia pueden ajustarse según experiencias y categoría seleccionada.
Sí, Marruecos es un destino seguro para el turismo, especialmente cuando se viaja con una organización profesional que gestiona traslados, alojamientos y rutas. Un viaje organizado aporta tranquilidad, asistencia local y planificación adaptada, lo que mejora notablemente la experiencia.
Un viaje organizado a Marruecos suele incluir alojamientos seleccionados, traslados privados o en grupo reducido, guía local, excursiones programadas y asistencia en destino. En muchos casos también puede incluir experiencia en el desierto, visitas culturales y seguro de viaje.